viernes, 5 de junio de 2015

relato corto



Lunes

Estaba pensando en Amaia, que está gordísima, a punto de parir. Había quedado con ella para tomar un café y charlar un rato, ya sabes, del bebé, de los regalos, del pánico que siente la pobre...
Como lo que me llamó la atención fue una enorme barriga, pensé que era una embarazada. En otra época, los vestidos premamá eran sueltos, su objetivo era disimular el enorme bulto que iba creciendo. Hoy no, las jóvenes se enorgullecen de su barriguita y se ponen camisetas que intentan amoldarse con dificultad a la figura, leotardos ajustados y tambien se olvidan del sujetador. Por descontado que lo que quieren es que se note su estado, van diciendo “aquí estoy yo con mi bombo. Y francamente, a mi me parece muy bien, ellas se han liberado en este sentido y llevan su feminidad por bandera cuando pasean por la calle con esa guisa. Chapeau.
Pero no era una embarazada.
El autobús paró en el semáforo y entonces tuve tiempo de mirar mejor puesto que cruzó el paso de cebra.
Era un hombre de unos sesenta años, con una peluca morena pasada de moda ,como cardada. Camiseta ajustada de manga corta que apenas ocultaba una enorme barrigón cervecero que continuaba hacia abajo ,ya libre de tejido. Una minifalda tejana ajustada y unas deportivas sin calcetines eran los extremos de unas piernas cortas, curvadas y con signos de artrosis en sus rodillas, eso si, estaban depiladas.
Me fijé en su expresión, estaba como ensimismado, viviendo su propia realidad, pensé.
El autobús arrancó y yo permanecí perpleja unos segundos, no sabia como reaccionar.¿qué pretendía ese hombre al caminar con esa aspecto tan grotesco? ¿pretendía ligar a las 12 de las mañana en pleno centro?¿se vería realmente atractivo? ¿llamar la atención? Eso sí que lo conseguía, ignoro lo que pensaron los otros ocupantes del autobús, tal vez les resultó patético pero a mi me dio qué pensar.
Se dice y se recalca que nuestra forma de vestir dice mucho de nosotros, que estamos mandando un mensaje a los demás, que nos identificamos con un determinado grupo. Será verdad.

Pero este hombre estaba solo, ni las prostitutas llevarían algo así, sin gusto, sin atractivo. Algo que realza lo que debería ocultar.
Por otro lado estaba su mirada, perdido en su mundo, quizá esta orgulloso de si y no siente reparo en vestirse sin prejuicio alguno, como a el le gusta. Es otra opción. Quizá ese hombre raro, vestido fuera de redil, no ha sentido reparos en salir del armario, en decirle al mundo , me siento mujer y libre, paso de normas y de modas.
En este caso, pensé, muchos deberíamos imitarlo. Son demasiados los tabúes que nos encorsetan, muchos los mensajes que nos son inoculados. Chapeau por el.

Esto pasó hace unos meses y ya me había olvidado del tema hasta que al entrar en la reprografia lo encontré. 

estas pequeñas diferencias...

jueves, 4 de junio de 2015