Lunes
Estaba
pensando en Amaia, que está gordísima, a punto de parir. Había quedado con ella
para tomar un café y charlar un rato, ya sabes, del bebé, de los regalos, del
pánico que siente la pobre...
Como
lo que me llamó la atención fue una enorme barriga, pensé que era una
embarazada. En otra época, los vestidos premamá eran sueltos, su objetivo era
disimular el enorme bulto que iba creciendo. Hoy no, las jóvenes se
enorgullecen de su barriguita y se ponen camisetas que intentan amoldarse con
dificultad a la figura, leotardos ajustados y tambien se olvidan del sujetador. Por
descontado que lo que quieren es que se note su estado, van diciendo “aquí
estoy yo con mi bombo. Y francamente, a mi me parece muy bien, ellas se han liberado
en este sentido y llevan su feminidad por bandera cuando pasean por la calle
con esa guisa. Chapeau.
Pero
no era una embarazada.
El
autobús paró en el semáforo y entonces tuve tiempo de mirar mejor puesto que
cruzó el paso de cebra.
Era
un hombre de unos sesenta años, con una peluca morena pasada de moda ,como
cardada. Camiseta ajustada de manga corta que apenas ocultaba una enorme barrigón
cervecero que continuaba hacia abajo ,ya libre de tejido. Una minifalda tejana
ajustada y unas deportivas sin calcetines eran los extremos de unas piernas
cortas, curvadas y con signos de artrosis en sus rodillas, eso si, estaban
depiladas.
Me
fijé en su expresión, estaba como ensimismado, viviendo su propia realidad,
pensé.
El
autobús arrancó y yo permanecí perpleja unos segundos, no sabia como reaccionar.¿qué
pretendía ese hombre al caminar con esa aspecto tan grotesco? ¿pretendía ligar
a las 12 de las mañana en pleno centro?¿se vería realmente atractivo? ¿llamar
la atención? Eso sí que lo conseguía, ignoro lo que pensaron los otros
ocupantes del autobús, tal vez les resultó patético pero a mi me dio qué
pensar.
Se
dice y se recalca que nuestra forma de vestir dice mucho de nosotros, que
estamos mandando un mensaje a los demás, que nos identificamos con un determinado
grupo. Será verdad.
Pero
este hombre estaba solo, ni las prostitutas llevarían algo así, sin gusto, sin
atractivo. Algo que realza lo que debería ocultar.
Por
otro lado estaba su mirada, perdido en su mundo, quizá esta orgulloso de si y no
siente reparo en vestirse sin prejuicio alguno, como a el le gusta. Es otra opción.
Quizá ese hombre raro, vestido fuera de redil, no ha sentido reparos en salir
del armario, en decirle al mundo , me siento mujer y libre, paso de normas y de
modas.
En
este caso, pensé, muchos deberíamos imitarlo. Son demasiados los tabúes que nos
encorsetan, muchos los mensajes que nos son inoculados. Chapeau por el.
Esto
pasó hace unos meses y ya me había olvidado del tema hasta que al entrar en la
reprografia lo encontré.

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